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Como las olas del mar…
Por Silvio Hoffman.
Con textos del libro “Las olas” de Virginia Woolf (1931)
“Cuando el humo se alza, el sueño enroscándose se aleja
del tejado, como una niebla…”*
Sueño que es realidad, realidad que es sueño; toda la espera, la esperanza, el sacrificio, el gozo, en la imagen, la palabra, la materia, en días, años, centurias, gestan lo que ha de llegar. En el suelo, el aire, el agua, el fuego, la vida, naturaleza transformada, sedimento que guarda la historia desde sus comienzos. Allí mis antepasados, los de más allá de los mares, los de la tierra que piso, los originarios. Y les ha llegado el momento, quichuas, mapuches, guaraníes y muchos más, que quieren recuperar sus tierras. Es un movimiento que hace el territorio, regazo que revuelve a los que retoman la propiedad ancestral, regresan y deshilachan las tapias, arrancan los alambrados. ¿Hacia dónde van? Recuperar la identidad. Lo define el antropólogo salteño Christian Vitry (1999): “Al decir que el espacio geográfico es un constructo social, estamos hablando de una construcción muy compleja relacionada con la historia, los mitos, las relaciones de poder, la estratificación social, la geomorfología, la religión, la economía, el clima, las relaciones de parentesco, la geología, etc., y por supuesto, con la identidad”
“Las olas rompían y deslizaban rápidamente sus aguas sobre la arena. Una tras otra se alzaban y caían. El agua pulverizada saltaba hacia atrás impulsada por la fuerza de la caída. Las olas eran de profundo azul, con la sola excepción del dibujo de luz sembrada de diamantes en sus lomos que se contraían y distendían como los musculosos lomos de grandes caballos al avanzar. Las olas caían. Se retiraban y volvían a caer, con el sordo sonido del patear de una gran bestia…” *
La humanidad, inmenso mar que se eleva y cae, que retrocede y avanza sin cesar, que golpea y termina haciendo de arena la roca que se interpone. El murmullo agudo o sordo, musical o trueno del cielo, no deja de ser el trasfondo sonoro, el lenguaje que clama, la pretensión de su lucha por sobrepasar la playa, la tierra a la que no renuncia ni en miles de años.
*Virginia Wolf. “Las olas” (1931)
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